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miércoles, 4 de abril de 2018

LA INOCENCIA DE LA PIRATERÍA JURÁSICA

Hace mucho, mucho tiempo, antes del Jurásico... bueno... tal vez exagere... Antes de Parque Jurásico, mejor dicho, tuve mis primeros encuentros con la Piratería...

Visto ahora dichos actos se me antojan incluso inocentes... Pensemos en la imagen actual que tenemos de un Pirata sin barco... vamos... un hacker, un cracker, o en la categoría que le quieras ubicar: Un tipo extraño, siempre, repito, SIEMPRE con capucha, tecleando sin parar como si por más velocidad mecanográfica fuese a desencriptar más códigos de acceso, continuamente buscando la manera de meterse donde no está permitido y satisfacer su hedonismo.


Dependiendo de su categoría puede ser enemigo o aliado, según si con su colaboración tenemos gratis ese programa que cuesta millones de Petrodólares o si por el contrario nos han limpiado, desengrasado y alicatado la cuenta corriente... En todo caso es un personaje peculiar al que, por si acaso, mejor tener contento...

El procedimiento de la piratería de mi niñez/adolescencia, allá por los 80 no puede más que despertar una sonrisa... Mi primer contacto tuvo lugar en el videoclub del barrio... Si! Ya existían! Y aquel no era un videoclub cualquiera. Era enorme! Recordáis los Blockbuster? Pues el local del cual os hablo era como el doble en cuanto a metros cuadrados se refiere, y pensad que hablamos de la época en la que un video doméstico comenzaba a ser uno de esos lujos "imprescindibles" por los cuales las familias corrientes y molientes eran capaces de embarcarse en un préstamo bancario.

Efectivamente, aquel videoclub era tremendo. Las secciones de Beta y VHS eran gigantescas! Yo no tenía excesivos problemas para escoger film ya que en casa optamos por el Video 2000, el sistema que de lejos tenía más prestaciones y calidad de imagen pero, con gran diferencia, muchísimas menos películas. La oferta cinematográfica se limitaba a esas películas que hoy en día se ven en los quioscos. Spaghetti Westerns de los flojos flojitos, películas de folclóricas, de artes marciales con todo tipo de Bruce Lees falsos... De vez en cuando aparecía una película buena, o al menos conocida, pero lo que digo... muy muy de vez en cuando. Aun recuerdo cuando mi hermano y yo casi sufrimos un infarto infantil al descubrir el "maravilloso" film Desaparecido en Combate, del aun resistente e irrompible Chuck Norris! Fuimos a alquilarla pero en el mostrador derrumbaron nuestros sueños de un puñetazo que bien podía haber propinado el propio Chuck, pues alguien había puesto una cinta VHS en el estante equivocado!

De todas maneras, teníamos un clavo al que agarrarnos... Nos llegó un rumor de esos que son secretos tan bien guardados como las Sociedades Secretas, o sea, de esos que sabe todo el barrio: Tenían Películas Piratas!!!

El procedimiento para tener acceso a ellas era de lo más intrincado... Había que acercarse al mostrador, mirar a izquierda y derecha y susurrar: "Me da la lista?". Una vez mencionada la críptica contraseña el encargado de turno emitía una sonrisa y nos entregaba una hoja escrita a bolígrafo sobre hoja cuadriculada arrancada de una libreta de anillas. En ese dudoso pergamino se encontraban los títulos disponibles. Pensad que por aquel entonces desde que una película era estrenada en las salas de cine hasta que estaba disponible para alquiler (comprar una suponían unas 10.000 ptas o 60 euros de la época!) pasaban unos 3 años. Gracias a aquel rudimentario documento podíamos visionar producciones que contaban menos de 1 año desde su estreno!

El sistema de copia era tan secreto como "la lista"... 2 o 3 videos bajo el mostrador que iban copiando sin parar durante el horario de apertura del negocio. Lo que ciertamente era un secreto era de donde sacaban los originales con tanta antelación, pero no todo iba a ser tan fácil, no? La calidad de las copias era patente. No hacía falta decir a los amigos del cole que lo que estabais viendo procedía de las catacumbas del Videoclub, pues la poca nitidez y mal sonido delataban la dudosa legalidad de la cinta. Uno no podía dejar de sentir esa extraña mezcla de miedo y excitación que se tiene en la pre-adolescencia cuando estabas haciendo alguien que sabías que "estaba mal"... Veíamos aquellas películas con el mismo morbo que si de un Snuff Movie se tratase!

Luego llegó la época de los videojuegos. Los más antiguos del lugar los recordareis... aquellos grabados en cinta de casete. Decidimos (supuestamente) pasar al bando de los suministradores! No podíamos limitarnos a consumir productos ilegales cuando el fabricarlos uno mismo era tan fácil como acercar el casete emisor y el grabador y confiar que el amalgama de pitidos quedase bien registrado!

Transcurridos unos años llegaron los diskettes, y teniendo en cuenta que el sistema operativo MS-DOS disponía del maravilloso comando COPY DISC que servía para, efectivamente informáticos, copiar tooooodo el contenido de un disco, el pensar en pagar por un juego o programa era propio de pringaos... Eh! Presuntamente todo, vale?

Apareció en el mercado un video juego maravilloso. La segunda parte del mítico One on One (Larry Bird Vs Dr. J), nombrado con el original nombre de One on One 2 (Larry Bird Vs Michael Jordan). Era una delicia ya que al partido uno contra uno se le añadían las opciones de Concurso de Triples y ohhhh! Concurso de Mates!!! Uno de los compañeros del instituto se hizo legítimo propietario de una unidad previo pago, y algunos de nosotros corrimos a pedirle permiso para hacernos con un ejemplar, presuntamente, recordad... pero aquel programa poseía un sistema anti copia que rivalizaba con nuestra maldad. Atentos! Una vez el montón de bits había sido procesado por el 8086 y podías ver la magnífica digitalización de Bird y Jordan en pantalla, el juego solicitaba una contraseña que respondía a unas coordenadas. Para obtenerlas había que consultar un disco de cartón que se incluía con el programa original. Dicho disco tenía una especie de ventanita, debías hacer girar un círculo de cartón enganchado por su parte central con el principal, localizar las coordenadas indicadas por el programa y entonces teclear el código que aparecía por la ventanita. Sofisticado, eh? Pues ahí no acababa la cosa! Una legión de ingenieros de la época pensaron que tal vez algunos chicos malos de Barcelona podrían tener la ocurrencia de hacerse con un original, desmontar el disco de cartón, fotocopiarlo, y hacerse con su copia pirata, así que procedieron a pintar el disco posterior con garabatos en tinta roja y a equipar a la ventanita del disco principal con un plástico rojo transparente que hacía de filtro, de manera que se evitaba el pasar con éxito por la copistería ya que el color de marras no aparecía en las fotocopias! Aquella legión de mentes pensantes no cayeron en que esos chicos malos podían pasar de copias, desmontar el disco original, y copiar a mano todos los datos y coordenadas! A la porra filtros transparentes! Presuntamente, así lo hicieron!

Sólo nos faltó disfrazarnos de esta guisa para simular aun más sofisticación pirata!


Si... de piratas sofisticados teníamos más bien poco. Nuestros softwares descifradores se limitaban a un boli y a una hoja, nuestros clientes eran unos adolescentes igual de granujientos que nosotros que paseaban por una de las aceras circundantes al Mercat de Sant Antoni, la acera de "los piratas"... Uno paseaba por ahí y cualquier crío como nosotros podía acercarse y susurrar "SpectrumArmstradCommodoreMsxPc...", con el mismo halo de peligrosidad que si estuviese listando estupefacientes. La Guardia Urbana hacía ronda un par de veces durante la mañana de domingo interceptando a los Dealers más inocentes por aquello de que nadie dijese que no hacían nada, y la peor pena que podía caerte era que te confiscasen el contenido de la mochila que, ojito, podrías recuperar pasando por comisaria y pagando una pequeña multa... Imagináis interceptar un alijo de droga e indicarle amablemente al traficante que por 18 euros puede pasar por dependencias policiales y recuperarla con la amonestación de "chiiiico maaaaaloooo"?

Menos mal que todo esto es presunto... si no podría meterme en muchos problemas al confesar otros de mis maléficos actos de juventud...

Sonreir... si, no puedo más que volver a sonreir al revivir aquellos días y pensar en lo inocente que era y lo peligroso que me sentía... Si supiese lo que ahora sé, si tuviese la experiencia que atesoro, anda que iba yo a copiar el dichoso disco a mano... mínimo lo paso a máquina! (presuntamente)


6 comentarios:

  1. Jajajajaj.....me veo reflejado Tello...y también tenía vídeo 2000 con los mismos problemas....y nunca olvidaré mi Amstrad CPC 464 con fósforo verde...era el hacker del barrio...Vaya tiempos...

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    1. Ivan ya te digo! En aquellos tiempos se podía ser "el puto amo" con bien poco! jajaja

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  2. Increíble… Vosotros, los niños de ciudad de aquella época vivisteis cosas muy diferentes a los que crecimos en el medio rural: afortunadamente la globalización quedaba todavía muy lejos, tan lejos como llevar un teléfono móvil en el bolsillo, algo que me hubiera parecido de ciencia ficción en aquellos gloriosos días.
    Esta entrada me ha hecho pensar en eso, en que los niños de los 70-80 e incluso 90 podíamos tener costumbres y hábitos y modas muy diferentes de un pueblo a otro, distantes tan solo 20 ó 30 kilómetros; y no digamos ya las diferencias con los de la ciudad… Y no es que no jugáramos con videojuegos de aquellos que se grababan en cassettes o careciéramos de reproductores de video, es que no había inmediatez en las comunicaciones y eso nos ‘salvaba’ de ser todos iguales: afortunadamente podíamos ser diferentes unos de otros y disfrutar de esas diferencias.
    Joder, me estoy yendo por las ramas, pero es que tu entrada me ha llevado por estos derroteros… Una batallita relacionada con los VHS de por aquí: el primer video club del pueblo lo montó la tienda de electrodomésticos más grande del pueblo y las pelis se disponían en las estanterías al lado de las planchas de la ropa, los ventiladores o las tostadoras; pero un buen día descubrimos que las pelis porno se escondían dentro de las neveras de exposición jajjaja Por supuesto, logramos pillar una y tuvimos nuestra primera experiencia con el cine X que fue tremenda, pero eso es otra historia…
    Un abrazo!!! Wassail!!!

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    1. Jajajaja! Eso era Freezing Porn!!! Bromas a parte, ciertamente parece mentira la diferencia tecnológica y de costumbres de un chaval de hoy a otro de la época, pero es más sorprendente la diferencia según el entorno de crecimiento y, como dices tú, distando sólo unas pocas decenas de kms de las "grandes capitales"... Lo de la inmediatez en las comunicaciones era alarmante, bueno, la falta de ella! jajaja! Yo me carteaba con una chica italiana y podían pasar meses en saber de ella, pero es que, claro, venía DEL EXTRANGERO! Un abrazo! Wassail!!!

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